
...
Objetores de conciencia
De pronto surgen, como hongos después de la lluvia, los nuevos objetores de conciencia. No se trata ya de ciudadanos, o de menores, o de comunidades a quienes la aplicación lisa y llana de una medida les supone afectar un derecho o un rasgo identitario. No, los nuevos objetores son funcionarios a quienes se les paga por aplicar la ley, pero deciden que esa ley no les gusta, por lo cual no van a aplicarla.
Llama la atención que estas mismas personas, quisquillosas como son, hasta ahora no hayan tenido mucho ni poco que objetar. Habrán certificado firmas, anotado nacimientos y otros actos civiles durante muchos años, sin cuestionarse algunas flagrantes injusticias cometidas en nuestro país, a veces también sancionadas por ley.
El Mosquito Recargado se refiere a esta camada de jueces objetores que nos anuncian que no aplicarán la ley de matrimonio civil recientemente reformada.
Extendiendo esta nueva modalidad de objeción, imagino otras interesantes y humorísticas (no siempre) aplicaciones:
- el cuerpo de inspectores de bromatología municipal de Villa Intranquila decide no revisar más los chorizos, salchichas, embutidos en general, carnes, latas de pescado en conserva y otros subproductos animales que se expenden en mercados, despensas, despensitas y sucuchos varios, por objeción de conciencia, originada en sus vehementes sospechas de que existe la reencarnación;
- por cuestión de conciencia, otros funcionarios de registros civiles no van a inscribir a niños nacidos de matrimonios entre personas de distintas confesiones religiosas;
- dado que según el precepto católico, el domingo no deben realizarse tareas serviles, los guardiacárceles, recurriendo a la objeción de conciencia, dejarán que ese día suceda lo que quiera suceder en los establecimientos penales, fugas incluídas.
Agregue usted, estimada persona, todos los otros casos que se le ocurran.
Me pregunto si ante un eventual e inoportuno test de alcoholemia este fin de semana, no podré alegar una objeción de conciencia, señalando que mis creencias me imponen beber vino de misa. Pero lo que sí estoy pensando en serio, es que si el Estado nacional o provincial van a seguir pagándoles sus sueldos a estos objetores, en una de esas mi conciencia me llama a no pagar impuestos de esas mismas jurisdicciones. ¿Cómo puedo, a conciencia, estar subsidiando a personas que declaran su voluntad de incumplir la ley?
Así lo hizo Henry David Thoreau, el inventor de la objeción de conciencia contemporánea. Y después no pasó por caja a cobrar el sueldo, sino que se bancó ir al calabozo.
Si cunde el ejemplo de los jueces, puede cundir este otro ejemplo.
De pronto surgen, como hongos después de la lluvia, los nuevos objetores de conciencia. No se trata ya de ciudadanos, o de menores, o de comunidades a quienes la aplicación lisa y llana de una medida les supone afectar un derecho o un rasgo identitario. No, los nuevos objetores son funcionarios a quienes se les paga por aplicar la ley, pero deciden que esa ley no les gusta, por lo cual no van a aplicarla.
Llama la atención que estas mismas personas, quisquillosas como son, hasta ahora no hayan tenido mucho ni poco que objetar. Habrán certificado firmas, anotado nacimientos y otros actos civiles durante muchos años, sin cuestionarse algunas flagrantes injusticias cometidas en nuestro país, a veces también sancionadas por ley.
El Mosquito Recargado se refiere a esta camada de jueces objetores que nos anuncian que no aplicarán la ley de matrimonio civil recientemente reformada.
Extendiendo esta nueva modalidad de objeción, imagino otras interesantes y humorísticas (no siempre) aplicaciones:
- el cuerpo de inspectores de bromatología municipal de Villa Intranquila decide no revisar más los chorizos, salchichas, embutidos en general, carnes, latas de pescado en conserva y otros subproductos animales que se expenden en mercados, despensas, despensitas y sucuchos varios, por objeción de conciencia, originada en sus vehementes sospechas de que existe la reencarnación;
- por cuestión de conciencia, otros funcionarios de registros civiles no van a inscribir a niños nacidos de matrimonios entre personas de distintas confesiones religiosas;
- dado que según el precepto católico, el domingo no deben realizarse tareas serviles, los guardiacárceles, recurriendo a la objeción de conciencia, dejarán que ese día suceda lo que quiera suceder en los establecimientos penales, fugas incluídas.
Agregue usted, estimada persona, todos los otros casos que se le ocurran.
Me pregunto si ante un eventual e inoportuno test de alcoholemia este fin de semana, no podré alegar una objeción de conciencia, señalando que mis creencias me imponen beber vino de misa. Pero lo que sí estoy pensando en serio, es que si el Estado nacional o provincial van a seguir pagándoles sus sueldos a estos objetores, en una de esas mi conciencia me llama a no pagar impuestos de esas mismas jurisdicciones. ¿Cómo puedo, a conciencia, estar subsidiando a personas que declaran su voluntad de incumplir la ley?
Así lo hizo Henry David Thoreau, el inventor de la objeción de conciencia contemporánea. Y después no pasó por caja a cobrar el sueldo, sino que se bancó ir al calabozo.
Si cunde el ejemplo de los jueces, puede cundir este otro ejemplo.
19 de julio de 2010.
...
otras objeciones:
ResponderSuprimir-mi ateismo me impide darles clase a los alumnos creyentes
-mi marxismo me impide darles clase a alumnos liberales.
-mi peronismo me impide darles clase a radicales.
-mi vegetarianismo me impide saludar al carnicero y al pollero.
-mi carnet de conducir me impide saludar a los que andan en bicicleta.
-mi sentido comun me exige decirles pelotudos a los objetores.
Tato Osorio
Genial lo suyo, Tato! Gracias por tus inobjetables objeciones. Ramón.
ResponderSuprimir