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19 de julio de 2010
Respetadas y queridas personas,
En los últimos días circuló por mail un mensaje de supuesta autoría de “una docente” o “una amiga” de Bariloche. En ese correo, la presunta autora brindaba una versión de los crímenes de estado allí cometidos.
Quizás porque a todos nos fascina tener otros datos, visiones alternativas de cualquier tema, no faltó quien ingenuamente reenviara ese correo. Para honra de mis amigas y amigos docentes, que son multitud, debo destacar que sólo dos personas picaron el anzuelo y reenviaron la carta.
“Por el tranco se conoce el chancho” dice el paisano. De lejos se divisa que no es flete. Propongo que miremos el tranco de este mensaje.
Por empezar, la supuesta “amiga” o “la docente” que “hace años vive en Bariloche”, no se identifica. Por lo visto no sabe que en un país de personas que nos consideramos y queremos ser libres, las cosas se sostienen con nombre y apellido. Quien haya escrito el mensaje sabe que no corre peligro alguno, especialmente porque en su apologética hace una defensa de la policía y justifica los crímenes. No es esa una posición que suponga riesgo. Si la dicente (para acudir al lenguaje adecuado) es católica, recuerde que el nada progre Pío XII instauró el “pecado de anónimo”.
XX, por llamar a esa persona de algún modo, comienza haciendo un análisis social de Bariloche en términos de ciudad blanca versus ciudad peligrosa. Los que están de aquel lado, se nos dice, quizás no por culpa de ellos, pero por cierto son de temer. Al leer esta parrafada de análisis seudo científico, banalidad y prejuicio, uno vislumbra un proyecto como los muros hechos contra los mejicanos y los palestinos. Me resulta realmente de temer... la fuente de este "estudio".
Acto seguido, saca a relucir frondosos datos de prontuario de las víctimas de Bariloche y de sus familias. ¿De dónde habrá obtenido esos datos? Porque no son de la índole de la información que circula públicamente. La acumulación de “antecedentes” tiene un indudable tufillo de sótano ministerial o comisarial.
La nota prosigue con un relato de los crímenes, según el cual la primera víctima fue culpable de que lo mataran, porque estaba enzarzado corporalmente con una policía que quería detenerlo. Además de ser motivo para prevenir contra toda efusión afectuosa a los maridos, novios y admiradores de las policías de esta provincia, el pretexto es deleznable. Si tal era la situación, el que disparó la bala criminal bien pudo haber agarrado y apartado al chico al que mató.
Me da la sensación de que a la colega docente, como a quienes reenviaron la carta, les falta lo que en el vocabulario del siglo pasado se denominaba “fijación de contenidos”.
Por tal motivo, antes del recreo, quisiera recordarles lo que ya está dicho:
- tres personas jóvenes fueron ejecutadas en Bariloche;
- las tres, por impacto de proyectiles utilizados en armas de la Policía;
- el Ministro de Gobierno de la Provincia alentó y justificó a esos agentes;
- ese mismo Ministro no tuvo explicación que dar ante la Legislatura provincial.
Queridas personas, la gravedad de lo acaecido no se puede encubrir con el pretexto de que todo empezó cuando un malviviente abrazó a una mujer policía.
Para proseguir con la fijación de contenidos, reitero:
- que nadie puede calificar a otra persona como “malviviente” o “ese no es ningún nene”; los únicos que califican conductas, y no personas, en este sistema institucional, son los jueces;
- que, menos aún, basado en esas calificaciones, alguien puede ejecutar a otro;
- que en un sistema republicano, las autoridades tienen responsabilidad por los actos de gobierno. Responsabilidad significa que responden por sus actos. Cuando no responden, como en este caso el Ministro aludido y el Gobernador, son irresponsables.
A la fecha, y lamento decirlo, sigue siendo cierto lo que he sostenido en mis cartas anteriores sobre el tema, incluídas en mi blog http://elmosquitorecargadosiglo21.blogspot.com/ . Sigue siendo unánime el silencio de los comités, gobiernos municipales, concejales y legisladores radicales sobre el tema. Será larga la espera para lograr un pronunciamiento. (Todavía estamos aguardando que digan algo sobre las masacres de la Patagonia en 1921.)
La carta anónima se define a sí misma como una operación de, digamos, inteligencia. Más bien, de insulto a la inteligencia. Mediante una mezcla de repaso a los prontuarios y relato sesgado, pretende justificar nada menos que tres homicidios cometidos por cuenta y orden del Estado.
Dan ganas de recordar aquella letra de valsecito, y aconsejar “Quemá esas cartas”. Invito a que cuando reciban una nota de esa índole, la remitan de regreso a quien se la ha enviado, y no se las inflijan a terceros. Pero quemarlas... no sé. Alguien debe guardarlas, porque son otro testimonio de la infamia.
Abrazo,
Ramón Minieri
DNI 5.511.376
En los últimos días circuló por mail un mensaje de supuesta autoría de “una docente” o “una amiga” de Bariloche. En ese correo, la presunta autora brindaba una versión de los crímenes de estado allí cometidos.
Quizás porque a todos nos fascina tener otros datos, visiones alternativas de cualquier tema, no faltó quien ingenuamente reenviara ese correo. Para honra de mis amigas y amigos docentes, que son multitud, debo destacar que sólo dos personas picaron el anzuelo y reenviaron la carta.
“Por el tranco se conoce el chancho” dice el paisano. De lejos se divisa que no es flete. Propongo que miremos el tranco de este mensaje.
Por empezar, la supuesta “amiga” o “la docente” que “hace años vive en Bariloche”, no se identifica. Por lo visto no sabe que en un país de personas que nos consideramos y queremos ser libres, las cosas se sostienen con nombre y apellido. Quien haya escrito el mensaje sabe que no corre peligro alguno, especialmente porque en su apologética hace una defensa de la policía y justifica los crímenes. No es esa una posición que suponga riesgo. Si la dicente (para acudir al lenguaje adecuado) es católica, recuerde que el nada progre Pío XII instauró el “pecado de anónimo”.
XX, por llamar a esa persona de algún modo, comienza haciendo un análisis social de Bariloche en términos de ciudad blanca versus ciudad peligrosa. Los que están de aquel lado, se nos dice, quizás no por culpa de ellos, pero por cierto son de temer. Al leer esta parrafada de análisis seudo científico, banalidad y prejuicio, uno vislumbra un proyecto como los muros hechos contra los mejicanos y los palestinos. Me resulta realmente de temer... la fuente de este "estudio".
Acto seguido, saca a relucir frondosos datos de prontuario de las víctimas de Bariloche y de sus familias. ¿De dónde habrá obtenido esos datos? Porque no son de la índole de la información que circula públicamente. La acumulación de “antecedentes” tiene un indudable tufillo de sótano ministerial o comisarial.
La nota prosigue con un relato de los crímenes, según el cual la primera víctima fue culpable de que lo mataran, porque estaba enzarzado corporalmente con una policía que quería detenerlo. Además de ser motivo para prevenir contra toda efusión afectuosa a los maridos, novios y admiradores de las policías de esta provincia, el pretexto es deleznable. Si tal era la situación, el que disparó la bala criminal bien pudo haber agarrado y apartado al chico al que mató.
Me da la sensación de que a la colega docente, como a quienes reenviaron la carta, les falta lo que en el vocabulario del siglo pasado se denominaba “fijación de contenidos”.
Por tal motivo, antes del recreo, quisiera recordarles lo que ya está dicho:
- tres personas jóvenes fueron ejecutadas en Bariloche;
- las tres, por impacto de proyectiles utilizados en armas de la Policía;
- el Ministro de Gobierno de la Provincia alentó y justificó a esos agentes;
- ese mismo Ministro no tuvo explicación que dar ante la Legislatura provincial.
Queridas personas, la gravedad de lo acaecido no se puede encubrir con el pretexto de que todo empezó cuando un malviviente abrazó a una mujer policía.
Para proseguir con la fijación de contenidos, reitero:
- que nadie puede calificar a otra persona como “malviviente” o “ese no es ningún nene”; los únicos que califican conductas, y no personas, en este sistema institucional, son los jueces;
- que, menos aún, basado en esas calificaciones, alguien puede ejecutar a otro;
- que en un sistema republicano, las autoridades tienen responsabilidad por los actos de gobierno. Responsabilidad significa que responden por sus actos. Cuando no responden, como en este caso el Ministro aludido y el Gobernador, son irresponsables.
A la fecha, y lamento decirlo, sigue siendo cierto lo que he sostenido en mis cartas anteriores sobre el tema, incluídas en mi blog http://elmosquitorecargadosiglo21.blogspot.com/ . Sigue siendo unánime el silencio de los comités, gobiernos municipales, concejales y legisladores radicales sobre el tema. Será larga la espera para lograr un pronunciamiento. (Todavía estamos aguardando que digan algo sobre las masacres de la Patagonia en 1921.)
La carta anónima se define a sí misma como una operación de, digamos, inteligencia. Más bien, de insulto a la inteligencia. Mediante una mezcla de repaso a los prontuarios y relato sesgado, pretende justificar nada menos que tres homicidios cometidos por cuenta y orden del Estado.
Dan ganas de recordar aquella letra de valsecito, y aconsejar “Quemá esas cartas”. Invito a que cuando reciban una nota de esa índole, la remitan de regreso a quien se la ha enviado, y no se las inflijan a terceros. Pero quemarlas... no sé. Alguien debe guardarlas, porque son otro testimonio de la infamia.
Abrazo,
Ramón Minieri
DNI 5.511.376
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